Aromas vinícolas

Posted By Administrador on 25 Septiembre 2009

Cerca de dos mil personas asisten al desfile de carros y a la feria de productos en la Fiesta de la Vendimia de Morales de Toro.

Cerca de dos mil personas acudieron ayer a Morales de Toro, que celebraba la última jornada de la Fiesta de la Vendimia y en la que los amantes del buen vino pudieron degustar los caldos elaborados por 35 bodegas de la Denominación de Origen Toro que participaron en la feria.
El público pudo disfrutar, además, del tradicional desfile de carros engalanados, en el que también participaron mujeres de la asociación Juana Monroy, que portaron cestas repletas de buenos alimentos, que los vendimiadores degustan durante la larga jornada de recolección como torreznos, queso o embutido, así como buen vino para acompañar tan sabrosas viandas.
El público también tuvo la oportunidad de catar el primer mosto de la temporada, obtenido tras la prensa de uvas de diversas variedades recién cortadas de la viña y de una degustación de lechazo donado por la cooperativa Colear.
Ante la masiva asistencia de público, el alcalde de la localidad, Luis Segovia, mostró abiertamente su satisfacción porque «a cada edición de la feria viene más gente a degustar y a probar vino para después comprar en tiendas y beber en restaurantes, algo importante para las bodegas y los viticultores». Segovia, resaltó que «muchas personas han tomado nota para después acordarse de los vinos que han probado». Del mismo modo, el alcalde remarcó la asistencia de vecinos de otras localidades próximas, no sólo de la comarca de Toro y de la provincia de Zamora, sino también de municipios de Valladolid, Madrid Asturias o el País Vasco.
Para contribuir al esfuerzo de las bodegas que durante dos días participan en esta feria, a pesar de encontrarse en plena campaña de vendimia, el Ayuntamiento de Morales de Toro repartió ayer entre el público productos típicos de la zona como torreznos, queso o chorizo, de lo que se encargaron los participantes en el desfile de carros.
Cooperación
Destacó el alcalde que para poder organizar esta fiesta dedicada a la vendimia es imprescindible la colaboración e implicación de los moralinos ya que, mientras los jóvenes se encargan de atender los puestos de las bodegas, otros vecinos reparten pinchos o lechazo asado entre el público.
De la animación en la Plaza Mayor también se encargaron los moralinos que forman parte del grupo de jotas Vacceos, que deleitaron al público, a pesar de las elevadas temperaturas, con bailes tradicionales como el de ‘Los valles’, ‘La jota de Santa Croya’, ‘La canastilla’ o ‘Los labradores’.
Uno de los participantes en esta feria vitivinícola, el bodeguero Eduardo Casas, destacó la gran aceptación que este certamen tiene entre los amantes del buen vino. Considera que esta fiesta contribuye a promocionar los vinos que se elaboran en la DO en el mercado local y entre los consumidores más próximos.
En la misma línea, se pronunció Ángel López Medina, que hace poco más de dos años decidió embarcarse en la aventura de producir su propio vino ‘Lagunamata’ y con el que ya ha conseguido excelentes puntuaciones en la Guía Peñín. Para este bodeguero, la fiesta de la vendimia de Morales de Toro ha servido para dar a conocer sus vinos e, incluso, para establecer algún contacto comercial.

fuente/nortecastilla.es/

Alargar la vida con vino

Posted By Administrador on 14 Septiembre 2009

Los científicos buscan la fórmula para lograr vivir cien años y la clave está en el tinto.

Mientras los torpes disfrutábamos del verano, los espabilados seguían trabajando sin tomarse un respiro para beber una caña y comer un pincho. Ni siquiera eso, porque informaba el «New York Times», hace poco, que allá por Wisconsin, haciendo experimentos con monos, los científicos habían conseguido lo que llevaban intentando desde mucho antes de que reinara Carolo. La fórmula para vivir cien años lo menos.

El experimento ha funcionado con monos, pero ahora toca probarlo en los hombres y, supongo, también en las mujeres, pues no se puede afirmar con certeza que vayamos a responder como nuestros parientes peludos. Dicen que es muy probable, pero está por ver que seamos capaces de superar lo que han dicho los científicos que puede alargarnos la vida: comer el 30 por ciento de lo que normalmente comemos.

Pues vaya invento ese de pasar hambre para vivir más tiempo. Algo así debieron pensar los científicos, pues convencidos de la dificultad que supondría para los que vivimos en el mundo rico prescindir del 70 por ciento de lo que normalmente comemos comenzaron a trabajar en la búsqueda de una droga que nos permita seguir comiendo lo mismo y que el cuerpo sólo perciba un tercio. Es decir, que la clave pasa por encontrar un atajo químico que sea capaz de prolongarnos la vida sin que tengamos que renunciar a una buena fabada o un plato de berces con tucu. Cosa que parece harto difícil, pero como la ciencia no tiene límites, después de probar vaya usted a saber qué potingues, los sabios llegaron a la conclusión de que lo más efectivo es el resveratrol, una sustancia, muy presente en el vino tinto, que consigue activar los sirtuinos: proteínas que forman parte de los organismos simples y tienen el poder de regular el nivel energético de las células.

Ya sé lo que están pensando. Que si los científicos consiguieron alargar la vida de los monos dándoles de comer a porrillo y regándoles las comidas con buen vino de California, se ha obrado el milagro porque no sé ustedes, pero yo paso de esperar por esas pastillas y empiezo ya mismo a darme homenajes con vistas a vivir cien años.

Ni más ni menos, lo malo, que como todo no iban a ser buenas noticias, el punto negativo lo puso la Agencia de Alimentación y Medicamentos de los Estados Unidos (la Food and Drug Administration), que pasa olímpicamente de las investigaciones porque considera que la vejez no es una enfermedad. Y en esa línea están los biólogos evolucionistas, para los cuales pretender burlar el envejecimiento sería un disparate. Argumentan que la selección natural de la especie ni se molesta en apostar por la longevidad, que lo suyo y lo normal es la fecundidad.

También alegan que prolongar la esperanza de vida en un laboratorio tiene escaso mérito, pues lo verdaderamente importante es vérselas con la célula humana, mucho más sofisticada, arriesgada y expuesta a complicaciones. La vejez, dicen, es el precio que pagamos por la alta especialización de nuestras células.

Total que la cosa no está nada clara. Hay quien da por conseguido que podamos aumentar la esperanza de vida y hay quien tiene sus dudas. El caso que si nos atenemos a como parece que los científicos lo consiguieron, dándole al morapio y pasándoselo pipa con los monos de Wisconsin, resulta poco creíble. De todas maneras, a las malas, si no conseguimos alargar la vida comiendo lo que nos apetezca y bebiendo buen vino, hacerla más divertida seguro.

fuente/lne.es/

Los vinos licorosos

Posted By Administrador on 8 Septiembre 2009

Una primera clasificación de los vinos permite ubicarlos en las siguientes cuatro grandes categorías: tranquilos o naturales (que comprende los vinos blancos, rosados y tintos); espumosos (de los cuales el Champagne y el Cava son los dos principales exponentes); generosos o fortificados (también llamados “encabezados”, cuya potencia etílica se halla comprendida entre los dieciocho y los veinticuatro grados), como el Oporto y el Madeira, de Portugal; el Jerez, el Málaga y el Montilla-Moriles, de España; y el Marsala, de Italia); y aromáticos, como el Vermouth.

Es prudente señalar que los vinos aromáticos son el resultado de combinar un vino tranquilo, blanco o tinto (cuyo grado etílico oscila entre los diez y los catorce), con hierbas, flores o frutos. Y los licores son producto de la mezcla de un destilado con hierbas, flores y frutos, teniendo un grado alcohólico entre los veintiocho y los cuarenta grados. Los llamados vinos licorosos son aquellos en los que el porcentaje de alcohol es mayor, sin haber sido mezclados con ninguna otra sustancia, ni aromática ni etílica.

Acerca del Oporto cabe mencionar lo siguiente: se trata de un vino que está catalogado dentro de la clase de vinos que llevan cualquiera de las tres siguientes designaciones: generosos, fortificados y encabezados, en virtud de que en algún momento del proceso de la fermentación, antes de que la acción de las levaduras haya transformado por completo el azúcar del mosto en alcohol, ese jugo, que aún no es vino, es depositado en barricas que contienen brandy, usualmente es una proporción que puede ir del veinte al veinticinco por ciento de aguardiente, por setenta y cinco u ochenta por ciento de ese mosto en proceso de convertirse en vino, lo que de inmediato detiene la fermentación. De esta manera ese vino -llamado “generoso” por el porcentaje etílico que tiene- alcanzará un grado alcohólico de veinte a veinticuatro, a diferencia de los doce o catorce grados de un vino “tranquilo”, como es el caso de un blanco, un rosado o un tinto.

En la clasificación de líneas arriba, dentro de la categoría de vinos tranquilos o naturales, pueden ser incluidos los vinos llamados “licorosos” (que pueden ser blancos o tintos), cuyo grado de azúcar residual es como mínimo de 50 gramos/litro. Estos vinos son llamados, igualmente, vinos de postre: dessertwines, pudding wines, dessertwein, cosecha tardía y late harvest.

En el mundo del vino existen, en el capítulo de los vinos blancos dulces, varias ambrosías etílicas, entre las cuales figuran los vinos de Sauternes y de Barzac, de la región de Burdeos, en Francia, y el Tokaj Aszú, del área denominada Tokaj, en Hungría. En Alemania y en Austria estos vinos dulces llevan el nombre de Beerenauslese y Trockenbeerenauslese, ambos elaborados con uvas botritizadas. Otros de estos vinos llevan por nombre Vin de Paille (Vino de Paja) y el Vin Jaune (Vino Amarillo), propios de la región del Jura, en Francia. El vino llamado Eiswein (Vino de Hielo) lo es de Franconia y Rheinhessen, en Alemania, y de las regiones de Neusiedlersee y de Burgenland, en Austria, mientras que el Icewine (Vino de Hielo) lo es de Columbia Británica y de Ontario, en Canadá. Esta clase de vino es llamado en Francia Vin de Glace, y en Italia Vino di Ghiaccio. En fecha reciente en España (en Valladolid y en el Penedés) se ha comenzado a producir un vino de esta clase, que lleva el nombre de vino de hielo. Estas ambrosías son ideales para acompañar el foie gras, los quesos azules y ciertos postres, constituyendo uno de los maridajes entre guisos y vinos más sorprendente que existe en la gastronomía. En México hay -desde hace varios años- esta clase de vinos, y son llamados vinos de cosecha tardía. Entre otras bodegas vitivinícolas productoras de estas exquisiteces báquicas etílicas figuran Monte Xanic, Domecq, L.A.Cetto y Vides y Vinos Californianos.

fuente/afuegolento.com/

Los grandes platos vinícolas

Posted By Administrador on 3 Septiembre 2009

Decía Xavier Domingo, brillante escritor gastronómico fallecido hace pocos años, en su libro El vino trago a trago: “El recetario de la cocina del vino es inmenso, tanto en la cocina popular o campesina o regional, o como quieran llamarla, como en la cocina de autor. Algunas recetas más conocidas han alcanzado la categoría de los grandes clásicos, por ejemplo, los riñones al Jerez, los pichones al Oporto, la salsa Madera, el coq au vin o la salsa bordelesa o la entrecôte marchand de vin o las carbonadas del Valle de Aosta o los magros de cerdo al tinto del Piamonte o la gran cantidad de variedades de gulash al vino blanco o tinto, etcétera… etc….”.

Hablamos de grandes platos que van indisolublemente unidos a grandes vinos, o cuando menos a grandes regiones vinícolas, lo cual nos llevaría a pensar -como opina Paul Bocuse- que sólo se produce buena cocina cuando la tierra que la acoge está llena de uvas. Pero ni el aserto del cocinero francés se sostiene más que en Francia, ni los grandes vinos deben desaprovecharse reduciéndolos a su mínimo estado, dejando que sólo sus restos se recojan en los riñones o en los entrecôtes de sus cocinados.

El vino, en química y en puridad, se compone de agua en su mayor parte -hasta noventa partes de cada cien- siendo el resto miles de sustancias que se concretan en alcoholes y azúcares, como la glucosa o la fructosa; en ácidos, como el málico o el cítrico; en sales y otros minerales, como los fosfatos y los sulfatos, el potasio y el magnesio; y en fenoles y más fenoles -al decir de los expertos- y flavones, ésteres y taninos, y antocianos, que con su colorante rojo dan lugar al tinto; y vitaminas, y aminoácidos, y polipéptidos y proteínas, y peptinas, y gomas, y sustancias volátiles y aromáticas.

Pues bien, la unión ordenada de todos y cada uno de estos componentes genera un vino, uno sólo, que se diferencia de los demás en la mayor o menor cantidad de este o de aquel fosfato, de uno o dos aminoácidos y de tantas como deseemos sustancias volátiles.

Cuando desaparece el orden impuesto por el enólogo y la naturaleza, también desaparece ese vino y aparece otro distinto. Cuando nos da por hervir un vino, se elevan como hermosas volutas los alcoholes y el agua, y con ellas las sustancias que lo desean o aquellas a las que la ciencia ha designado como listas para evaporar a nada que suban los grados de calor que las animan. Y de esta suerte quedan depositadas en las carnes y los pescados, en las crestas de los gallos y en los cartílagos de las lampreas, los restos, sabrosos aún pero empobrecidos, de aquellos vinos que nos llenaban la boca con su sabor y con su nombre.

Visto el desenlace del último párrafo y decidido que usaremos solo un vino razonable para nuestros guisos, sólo nos resta por decantarnos en utilizar, a tal fin culinario, los habituales productos del mercado -que están a nuestro alcance- o bien salir al campo y que el destino y la escopeta nos deparen cualquier agreste pieza de caza, que casi por definición, deberemos amansar con el jugo de las vides y unas hierbas aromáticas.

La receta (por Rafael Soler del Restaurante Villa da Vinci)
Ingredientes

Magro de cerdo: 1/2 kilo, lomo de cerdo: 1/2 kilo, chuletas de cerdo: 1/2 kilo, huesos de cerdo: 5 kilos, naranjas clementinas: 6 unidades, tomillo: 1 ramillete, cebolla: 6 unidades, patatas: 6 unidades, tomate: 6 unidades, vino tinto: 2 litros.

Elaboración

Salsa de vino tinto y cerdo: Tostamos en el horno los huesos de cerdo; en una olla grande freímos 3 cebollas, 3 tomates, 3 patatas y 3 naranjas, todo cortado a mirepoix. Una vez sofrito le añadimos los 2 litros de vino tinto y dejamos reducir. Cuando el vino esté bien reducido, le añadiremos los huesos de cerdo y cubriremos de agua. Cuando la salsa esté con la consistencia deseada, le añadiremos el tomillo. La carne: Envasaremos en bolsas de vacío por separado las tres carnes bien salpimentadas con un chorrito de aceite y unas pieles de clementina. Pondremos 24 horas a 72º C dentro de un hold o mat. Sacaremos las carnes y las juntaremos, enfriaremos. Hacer puré de patatas. Pieles de naranja confitadas en almíbar. Mermelada de tomate: Picaremos grosso modo el tomate y por cada 100 gramos pondremos 25 de azúcar, haremos la mermelada poco a poco. Cebollas asadas: Enrollaremos las cebollas en papel albal e introduciremos en el horno hasta que estén al punto.

fuente/elpais.com/

El albariño compite con los viñedos de “Falcon Crest”

Posted By Administrador on 28 Agosto 2009

“Los Angeles Times” dedica un reportaje a alabar los caldos de las Rías Baixas.

Los primeros viñedos californianos fueron plantados en el siglo XIX por monjes españoles para producir vino para la misa. De ahí a “Falcon Crest”, sólo medió el entusiasmo de los estadounidenses por estos caldos. Ahora miran hacia Galicia y dejan que los albariños les hagan competencia con placer.

Nueve de cada diez botellas de vino que se consumen en Estados Unidos proceden de California, ese lugar donde la ficticia familia Channing competía con los Gioberti en aquel viejo serial de televisión. No obstante, los estadounidenses son buenos degustadores de vinos y no tienen reparos en mirar –y comprar, si les gusta– lo de afuera. Así fue como Robert Parker, el enólogo conocido como “la nariz del millón de dólares” se fijó este año en los vinos de la denominación de origen Rías Baixas para otorgarles un “sobresaliente”.
Pero Parker no es el único que mira a Galicia y a sus caldos. “American Airlines” los ha incluido, al igual que Iberia, en su carta de “business”. Y, si de periódicos hablamos, también se ha dejado seducir por ellos The New York Times, el primer diario metropolitano del país. Ahora la denominación de Rías Baixas y el albariño vuelve a ser noticia, y de portada, de la sección de “Alimentación” de Los Angeles Times, el periódico de California por excelencia y el segundo diario metropolitano del país –hasta un millón de ejemplares diarios de circulación y 39 premios Pulitzer a sus espaldas–.
El articulista W. Blake Gray encara su reportaje como si realizara el descubrimiento de un “tesoro escondido”, a pesar de que reconoce que durante los últimos años el albariño se ha convertido en uno de los caldos “favoritos” de los sumilleres de su país por lo “espumoso y complejo de su propuesta”.
Él atribuye al “aislamiento” el hecho de que esas buenas noticias para la gastronomía hubieran tardado tanto en llegar a un país que, como refleja la oscarizada Entre copas, adora aderezar con vino los encuentros sociales. Tras insistir en cómo el clima, diferente al resto de España por sus lluvias y la proximidad del Atlántico, moldea las cepas, admite su asombro por que la recogida de la uva se produzca a mano. Eso le parece razón suficiente para explicar que no haya botellas de albariño en el mercado estadounidense por menos de 10 dólares.
Entre los vinos destacados, el autor resalta los de la bodegas Condes de Albarei, Palacios de Fefifañes, Maior de Mendoza y Pazo San Mauro, además de Santiago Ruiz y Don Olegario –que fue escogido el año pasado por The Wall Street Journal como el cuarto mejor del mundo–.
No obstante, cree que “probablemente” el “mejor” de los vinos de esta variedad son los cultivados por Martin Códax, “una cooperativa de 500 familias con 2.400 terrenos que suponen el 13% del total de viñedos en la región”. Blake Gray concluye asegurando que “nunca” probó un albariño tan bueno como el Martín Códax de 2008. Luego menciona que en Estados Unidos se puede comprar a 14,99 dólares (9,8 euros) y concluye: “¿No te encanta cuando el vino menos caro es el mejor?”

Fuente/farodevigo.es/

El vino, el nuevo objeto del deseo

Posted By Administrador on 14 Agosto 2009

Encontrar alcohol en Manhattan puede llegar a ser más difícil que resolver un jeroglífico. Si uno quiere comer acompañado de una copa de vino o de una cerveza, mejor olvidarse de los cafés y de bastantes bares y buscar un restaurante (aunque existen muchos que no sirven alcohol por falta de licencia o sólo sirven vino y cerveza, no licores). Para comprar y consumir en casa, hay que recurrir a una bodega o una licorería. Éstas, sin embargo, no tienen cerveza, bebida que, salvo excepciones, únicamente se vende en supermercados, delis o gasolineras. Por lo general, los super no comercializan vino y licor.

Las dificultades pueden empezar a ser menores en breve, ya que el apetito que el vino despierta en los estadounidenses y en los turistas está forzando a cadenas sin alcohol a comenzar a plantearse vender caldos, dentro de sus establecimientos, o a crear tiendas específicas en locales anexos. Así, la cadena Whole Foods va a inaugurar un espacio de vino dentro del nuevo hipermercado que abrirá en los próximos días en el barrio del Upper West Side. Será el primero de toda la ciudad. Otras compañías, como Starbucks, ensayan la venta de alcohol en sus establecimientos. De momento, la empresa ya comercializa vino en copas y cervezas en tres locales de Seattle. En función del éxito que tenga esta prueba piloto extenderá el modelo a otras ciudades, como Manhattan. En esta fotografía aparece una imagen del primer local de Seattle que vende alcohol y que pude visitar la semana pasada.

Los comercios no son los únicos que se han apuntado a la moda del vino. El diario The New York Times anunció ayer que ha creado un club para los amantes del vino, a través del que venderá vinos a sus lectores a través de una página web. La página comercializará cajas de seis botellas, con precios que oscilarán entre 90 y 180 dólares por caja.

Para los que nos gusta beber vino, siempre con moderación y prudencia, es una buena noticia.

Fuente/blogs.expansion.com/

«El Bohío» de Illescas, premio al restaurante con mejor carta de vinos

Posted By Administrador on 5 Agosto 2009

Un jurado de prestigiosos restauradores presidido por la consejera Soledad Herrero falló ayer los premios del IV Concurso de Gastronomía, que se entregarán el 25 de septiembre en Torija (Guadalajara).
El Bohío de Illescas ha sido valorado el mejor restaurante en la modalidad de Cartas de Vino. En la variante de Cocina Tradicional, «El Bodegón», de Daimiel, ha sido el mejor, y en Cocina Moderna, Creativa e Innovadora, «El Doncel», de Sigüenza, ha resultado el vencedor, seguido de «El Granero», de Quintanar de la Orden.

Fuente/abc.es/

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Posted By Administrador on 3 Agosto 2009

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Posted By Administrador on 3 Agosto 2009

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Las bodegas de los grandes restaurantes, tesoros rigurosamente vigilados

Posted By Administrador on 29 Julio 2009

Puertas blindadas, alarmas y acceso restringido y rigurosamente controlado: las bodegas de los grandes restaurantes en las que se guardan las botellas de los más reputados vinos, Pétrus, Yquem o Romanée Conti, son como cuevas de Alí Babá en las que todo está organizado para impedir la entrada de los ladrones.

Medidas que en general son eficaces, pero no siempre. Prueba de ello es el robo sufrido por el restaurante parisino Carré des Feuillants (dos estrellas Michelin), de cuya bodega desaparecieron 260 de esas valiosas botellas la noche del 14 de julio.

El caso terminó bien. Como dos robos similares se habían producido en establecimientos de París, la tienda gastronómica Hédiard y el restaurante del chef Michel Rostang, la policía seguía la pista del presunto ladrón, que fue detenido poco después. Los grandes vinos pudieron ser recuperados, para satisfacción del chef del Carré de Feullants, Alain Dutournier, encantado de que le sea devuelta su “herramienta de trabajo”.

Las bodegas de grandes restaurantes, en las que se guardan botellas que valen a veces varios miles de euros cada una, “son tesoros de guerra”, declara a AFP Stéphane Trapier, vicedirector de sala del célebre restaurante parisino La Tour d’Argent (una estrella Michelin).

Este restaurante posee la mayor bodega de Europa: 400.000 botellas y 14.000 referencias en 1.300 m2 repartidos en dos niveles.

La misma está protegida por puertas blindadas, tiene un acceso único y uno o dos agentes de seguridad se añaden a los dos bodegueros que se ocupan de ella permanentemente “por razones de logística, pero también de seguridad”, indica Trapier.

“De alguna manera es como en un banco, uno no va nunca solo a la sala de las cajas fuertes”, dice.

Y al sanctasanctórum de la bodega sólo se puede entrar con dos llaves diferentes. En ese espacio envejecen unas 80.000 botellas de los más prestigiosos vinos: Lafite-Rothschild, Yquem, vieux Vouvray 1947 se codean con Pétrus o Romanée Conti, vendidas entre 15.000 y 19.000 euros en la carta del restaurante.

La única persona que logró “asaltar” el lugar fue el multimillonario norteamericano John Pierpont Morgan que, a principios del siglo XX, dejó un cheque en blanco en el lugar de una botella excepcional de cognac Fine Napoléon. La leyenda dice que “el cheque nunca fue cobrado”, cuenta Trapier.

Para asaltar la bodega del restaurante Le Cinq (dos estrellas Michelin) del hotel George V de París “¡se necesitaría un bazooka!”, dice riendo su director, Eric Beaumard.

Cavada a 15 metros de profundidad, se accede a ella a través de un ascensor equipado de cámaras de vigilancia. “Tengo 45.000 botellas, hago un inventario mensual”, explica Beaumard, de cuya bodega sólo han sido robadas dos botellas, hace diez años, por uno de los empleados del establecimiento.

En el restaurante l’Ambroisie (tres estrellas), situado en la plaza de los Vosges, la bodega tiene también un acceso único, puertas blindadas y alarma, que hasta ahora cumplieron su cometido. “La bodega no puede ser visitada, ni siquiera por el personal”, recalca el director de sala, Pierre Le Moullac.

Y para complicar la tarea de un eventual ladrón, “no hay vinos en cajones. Los botelleros están numerados y no etiquetados, y los más grandes caldos se guardan repartidos en toda la bodega”, dice.

En el Relais Bernard Loiseau (tres estrellas) de Saulieu (Borgoña), llaves, portero eléctrico y múltiples puertas guardan la bodega de mil referencias, 80% de ellas de vinos de Borgoña, indica Stéphanie Gaitey, asistente de dirección del célebre restaurante.

Los robos son muy raros, pero temidos, ya que la póliza de seguros toma en cuenta el valor de compra de las botellas y no su cotización en el momento del robo, y el precio de un vino “puede multiplicarse por cinco o seis” rápidamente, agrega Beaumard.

Además, existe un mercado paralelo con los “mismos problemas que el mercado del arte”. “Desde hace tres años existe un mundo de falsificadores” de vinos, con botellas en las que las etiquetas y los corchos son copiados y que, evidentemente, contienen un vino falso, señala Trapier.

Fuente/google.com/